EL MUNDO YA NO SERÁ IGUAL A COMO LO DEJAMOS ANTES DE LA CUARENTENA

Hoy me pregunté ¿qué estoy esperando? ¿Que termine esta cuarentena en la cual llevo 62 días, para volver al mundo que tenía, a mis actividades que hacía antes de que todo esto se desate? Y una sola respuesta me llenó el cuerpo de escalofríos: el mundo no volverá a ser el de antes, el mundo ahí afuera ya cambió, esperar es inútil. ¿Y esto que consecuencias trae?

Primero, darme cuenta de que debo dejar de “esperar” a que esto termine. Un esperar que me conecta con la pasividad.

Segundo, saber que los cambios en el entorno me piden adaptarme. Por millones de años nuestro mecanismo de adaptación como seres biológicamente humanos fueron nuestras emociones, disparadoras de la energía necesaria para ponernos en acción.

Tercero, que en realidad todos contamos con el mismo mecanismo de adaptación, pero el matiz de emociones que cada ser humano produce depende de su sistema de pensamientos y creencias… y es allí donde quería llegar: son mis creencias, dependiendo de su grado de rigidez o flexibilidad, las que me darán mi velocidad de adaptación. ¿Y cómo puedo saber qué creencias tengo? Chequeando la emoción en la que estoy, dándole lugar a que aparezca, a su sensación en el cuerpo, ya que es la única manera, palpable, que tenemos de acceder a nuestro mundo mental. Esto es así debido a nuestra biología.

Si las dejo aparecer ¿qué emociones puedo encontrar?

Miedo a lo nuevo. Ese es el mecanismo más antiguo de supervivencia que tenemos. Es nuestro cerebro puramente instintivo el que nos predispone a esta noble emoción, que nos da la posibilidad de protegernos, mientras el miedo sea real y no imaginario.

Tristeza: que nos permite transitar el duelo porque reconocimos que algo hemos perdido, el mundo que conocíamos (aquí me reconozco en este momento). Pero lo bueno de esta emoción es que me está hablando de que he dado el primer paso: ver el cambio y estoy en camino de aceptarlo.

Enojo: que me otorga la energía suficiente para superar un obstáculo que no me permite llegar a mi objetivo. Pero…. ¿y si ese objetivo tiene que ver con el mundo anterior y no se adapta al nuevo? El enojo se hará permanente e intenso, mostrándonos algún grado de rigidez.

Alegría: ¿podremos sentir alegría dentro de este aislamiento? Tal vez sí, porque hay algo que nos da la esperanza de que el cambio será positivo, ya que nos permitirá encontrar la mejor versión de nosotros mismos. Porque en el fondo nos habla de una creencia que hace sentirnos constructores del nuevo mundo y no víctimas del actual.

Amor: por trabajar en el diseño de mi nuevo yo, que será el nuevo ciudadano de este nuevo mundo.

Todas son válidas, todas tienen su nobleza al ayudarnos a adaptarnos. Y seguramente transitaremos todas, en mayor o menor medida. Pero el aprendizaje será dejarlas aparecer y preguntarnos por la flexibilidad o rigidez de la creencia que la está sosteniendo. La primera y la última, las dos caras de la misma moneda, Miedo y Amor, las dos energías básicas presentes en todas nuestras decisiones. ¿Cuál vamos a escoger para enfrentar este gran cambio de entorno, uno de los más radicales en la historia de la humanidad? Cada uno de nosotros tiene la llave, pero sólo la suma de la vibración elegida (miedo o amor) hará realidad el mundo que estrenaremos al salir de esta cuarentena.

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